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Nunca fue el típico joven nerd de Harvard. Creció muy lejos de Sillicon Valley y no tocó ni se relacionó con una computadora hasta tener la mayoría de edad. La vida de Jan Koum, el creador de Whatsapp, poco tiene que ver con la de otros millonarios emprendedores, como Mark Zuckerberg o Steve Jobs, pero su interés por la informática y su inteligencia (aprendió programación en forma autodidacta, a través de manuales que pedía prestado a una biblioteca) lo llevaron a revolucionar las comunicaciones y convertirse en un exitoso empresario, CEO de una compañía valuada en 20.000 millones de dólares.

Koum nació en Kiev, Ucrania, el 24 de febrero de 1976, cuando ese país aún era parte de la URSS socialista. Su familia era muy humilde y sobrevivía gracias a la escasa ayuda del Estado. La caída del comunismo en 1991 empeoró aún más las cosas: el desempleo y la crisis hicieron estragos. Pronto se enteraron que Estados Unidos otorgaba visas y una mínima ayuda a los miembros de la colectividad judía y decidieron viajar. Así, a los 16 años y sin saber una sola palabra en inglés se mudó a Estados Unidos junto a su madre y su abuela. Su padre prometió unírseles más tarde, pero nunca cumplió su promesa.

Mientras trabajaba en negro en un país desconocido, se alimentaba gracias a tickets de comida estatales y se buscaba problemas en la escuela secundaria, Jan comenzó a interesarse por la programación y se unió a un grupo de hackers llamado w00w00, donde profundizó sus conocimientos sobre informática.

Su suerte comenzó a cambiar y fue contratado en Yahoo! como ingeniero de infraestructura. Allí pudo estabilizar su economía y conoció a Brian Acton, quien años más tarde se convertiría en su socio en Whatsapp. Se hicieron muy amigos, renunciaron a Yahoo!, viajaron por Latinoamérica, buscaron trabajo en Twitter y en Facebook y fueron rechazados.

Cuando se les estaban acabando los ahorros, a Koum se le ocurrió crear una app gratuita que funcionara con contactos del directorio telefónico, a través de la cual además de chatear, se pudiesen enviar fotos, videos y crear grupos. “Mensajería segura, sin anuncios, sin juegos y sin trucos”, era el lema de la empresa. Era otra de las ideas “antisistema”, tan típicas en Koum. Pero esta vez, se haría realidad.

Koum desarrolló su empresa basándose en dos máximas. La primera es liberar a la plataforma de anuncios publicitarios, a los que considera una intromisión en la comunicación de las persona. “La publicidad nos hace querer comprar autos y ropa, trabajar en empleos que odiamos para poder comprar lo que no necesitamos”, tuiteó en 2011, citando una frase de la película El club de la pelea.

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La segunda es que la privacidad de los usuarios no se negocia. La app recolecta la menor cantidad posible de información, solo es necesario ingresar un número de teléfono para tener acceso. Esto se relaciona directamente con su infancia en Ucrania, donde las escuchas telefónicas de la policía comunista eran moneda corriente.

“Uno de mis recuerdos más fuertes de mi infancia en la Unión Soviética es a mi madre diciéndome: “Estas no es una conversación para tener por teléfono. Hablémoslo en persona””, cuenta.

De ahí la polémica que se generó en Brasil estos últimos días, donde el servicio de Whatsapp estuvo bloqueado por orden de un juez ante la negativa de la compañía de entregar a la Justicia información sobre los usuarios en medio de una investigación sobre narcotráfico.

En 2014, Mark Zuckerberg compró Whatsapp por 22.000 millones de dólares. Koum sigue conservando el 45% de las acciones como CEO de la compañía y se convirtió además en uno de los directores de Facebook, la misma empresa que años atrás lo rechazó en una entrevista de trabajo. Las vueltas de la vida.

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