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Las grandes ciudades (y las no tan grandes también) se erigen en gran medida a partir de la utilización de tecnologías. Ya sea para abordar necesidades o demandas de los ciudadanos, la innovación y la incorporación de soluciones tecnológicas apuntan a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. En esa agenda se incluyen desde el transporte, hasta la medicina, pasando por la educación, las telecomunicaciones y las redes inalámbricas; la tecnología amplía sus usos y funciones, incidiendo de acuerdo a las distintas coyunturas y prioridades públicas.

Esa búsqueda tiene como fin último no la mera novedad, sino la generación de valor social, con aplicaciones de utilidad y de gran alcance. Ese contexto marcado por la era de la información se abrieron paso  los proyectos de las denominadas ciudades digitales o smart cities. Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) atraviesan las lógicas de estas ciudades: la sostenibilidad, la mejora en la calidad de vida y la gestión adecuada de recursos humanos, tecnológicos y técnicos.

 

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Beneficios: ahorro de tiempo, energía y recursos

Una ciudad inteligente promueve una serie de recursos clave para potenciar su productividad tanto económica como social. Aún cuando se podría decir que las ciudades convencionales también apuntan hacia entornos sustentables, las smart cities marcan la diferencia en la búsqueda de ‘digitalizar’ la gestión de los recursos urbanos, optimizando los modos de vivir, circular, y trabajar, como así cualquier tarea cotidiana.

Cooperación productiva

El foco de las smart cities está puesto en lograr el equilibrio entre la economía, la ecología y la sociedad, tomando como base la productividad y eficiencia. Así, la prestación de servicios públicos se hará con alto grado de colaboración entre empresas, gobiernos y ciudadanos, a partir de alianzas entre instituciones públicas y privadas, con el fin de elevar la calidad de vida de los habitantes.

En ese marco, Internet es uno de los factores fundamentales en la composición de la infraestructura pública de una ciudad inteligente: el crecimiento de Internet of Things (IoT) hace que los objetos se comuniquen e interactúen entre sí, más allá de la intervención humana. De manera que se administrarán los servicios ‘inteligentemente’: control de tránsito, alumbrado, estacionamientos, cámaras de vigilancia, entre otros.

Por caso, Telefónica ya implementó el Smart Parking en algunas ciudades de España. Un estacionamiento inteligente (en el que pueden entrar 16 autos en el espacio en el que deberían caber sólo dos), lo que implica una optimización de tiempo, espacio y recursos, con un guiño a los esfuerzos para preservar el medioambiente.

 

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Los datos, en todas partes

Las grandes fuentes de información también juegan un papel fundamental en las smart cities. La participación ciudadana se da a través del libre acceso a la información y a los datos. El Big Data tendrá un rol importante: el uso inteligente de estos grandes volúmenes de información se da cuando la administración y la recopilación de los mismos se utilizan para generar conocimientos y difundir datos. Es aquí donde la colaboración entre empresas y administración pública adquiere un rol importante: ambas garantizan la funcionalidad de la ciudad al brindar un compromiso con el despliegue del ancho de banda para montar servicios digitales o aplicaciones que transformen la vida cotidiana de los ciudadanos.

En vías de una vida proactiva

El eje de las ciudades inteligentes viró hace un tiempo: el énfasis ya no es en la tecnología en sí misma sino que está puesto en ‘concientizar’ al ciudadano, como sostienen en Fundación PuntoGov, una organización especializada en promover este tipo de proyectos. El objetivo es alcanzar una serie de mejoras tangibles, aprovechando al máximo los recursos disponibles:

  • Generar mayor movilidad ciudadana: lo que generaría un transporte más rápido y una incipiente reducción del tráfico.
  • Un mejor ambiente: a través de sensores inalámbricos, se busca reducir del empleo de energía y optimizar servicios como la recolección de basura. 
  • Más rapidez en servicios públicos: en el caso de una emergencia, trámite o alguna consulta, el ciudadano contará con más accesibilidad para poder realizarlos.

 

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Las smart cities en Argentina

Ciudades como San Luis, Mendoza y Buenos Aires están implementando programas que van en consonancia con las ciudades inteligentes. Todas ellas han sido reconocidas como smart, cada una con sus propias características. Comparten la integración de redes wi-fi gratuitas en la ciudad,  pero Buenos Aires se destaca por su solución en la movilidad de los ciudadanos: Metrobus y la red EcoBici, que permiten ahorrar tiempo y dar respuesta al problema de tráfico en la urbe.

Por su parte los porteños también cuentan con apps móviles que sirven de conexión directa entre la administración pública y las personas, además de la implementación de un Mapa Interactivo que permite acceder a información sobre cómo llegar al destino deseado en transporte público (bicicletas, tren, subte, colectivos). Otro dato a tener en cuenta: la CABA creó el Ministerio de Modernización, cuya meta es transformar la ciudad en términos de innovación, diseño y funcionalidad.

TIC como herramientas

Vale la pena destacar que el concepto de smart city es un parámetro. Una ciudad inteligente es una definición que se utiliza a la hora de medir los avances de los recursos tecnológicos y humanos para poder tener una ciudad más amigable, tanto para el planeta como para los que conviven en él. En ese sentido, las TIC se convierten en herramienta con propósitos sociales y políticos, un medio para fin último: la calidad de vida de sus ciudadanos. 

En el siguiente video se muestra la ciudad de Málaga, un ejemplo de innovación:

 

Imagenes utilizadas en la nota: Shutterstock

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