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La polémica está servida. Desde que se anunció que Uber, la aplicación móvil que permite conectar a conductores con usuarios que quieran viajar en autos particulares, se abrió el escenario para el debate, las consultas a especialistas, choferes, tías, propios, y extraños. Los taxistas no tardaron en poner el grito en el cielo argumentando que se trata de una competencia desleal y de un servicio inseguro e ilegal.

Sin embargo, estas tensiones no son exclusivas de Argentina. El desembarco de esta aplicación generó revuelo en varios países del mundo: desde Francia hasta Uruguay, pasando por España, donde los choferes de taxi realizaron una huelga histórica de 24 horas.

En la línea de Airbnb, Netflix o Mercado Libre, Uber forma parte de lo que se conoce como la “nueva economía”, una forma de describir los modos actuales de producir, distribuir e intercambiar bienes y servicios, con menos intermediarios y apalancados en plataformas digitales. Incluso toma impulso a partir de sistemas de pago on line (PayPal, etc.) y una moneda digital propia, como Bitcoin. Ese nuevo escenario está poniendo en jaque a los negocios más tradicionales.

Según revela el estudio Global CEO Outlook, que elabora KPMG, el 74% de los directivos de las empresas más grandes del mundo están preocupados por la entrada de nuevos actores que están transformando los modelos de negocios de diversas industrias.

Y no es para menos. Las cifras a nivel mundial son impactantes: se calcula que la “nueva economía” en 2013 movió cerca de US$ 26.000 millones, pero se prevé que, para 2025, los ingresos serán de US$ 335.000 millones. Por otra parte, se estima que el 64 % de los adultos participará de algún modo en servicios colaborativos en 2025, según la consultora PwC.

¿Por qué tanto revuelo?

Los ejemplos de aplicaciones que nutren la nueva economía son muchos y abarcan los más diversos sectores e industrias. Los más conocidos son Netflix, Amazon o Spotify, pero se pueden destacar varios casos interesantes.

VizEat sería algo así como el Uber de la gastronomía: se trata de un servicios que funciona en más de 50 países que conecta a más de 100 mil usuarios que prefieren degustar los platos de una casa de familia en lugar de ir a un restaurante.

Hermeneus es un mercado online que permite comprar todo tipo de alimentos directamente al productor, optimizando los precios del transporte de acuerdo a la ubicación del usuario. También hay otros casos mucho más conocidos y asentados como

Pero, si Uber tiene la misma razón de ser que estas aplicaciones, ¿por qué genera tanta polémica?

Tal vez porque sea el primer caso que incide en el cotidiano del común de las personas y por el potencial de masividad del servicio. La mayoría de las nuevas aplicaciones y plataformas, por lo general, se prensentan como propuestas complementarias a las ofertas tradicionales. Uber va al hueso de la cadena de valor de los taxis.

Por otro lado, los taxis son considerados un servicio público, con alta regulación y costos altos. Al costo de la licencia (que en la ciudad de Buenos Aires ronda los 200 mil pesos), hay que agregarle impuestos, costos de seguro, afiliación al radiotaxi y, en el caso de los peones, el alquiler del auto.

En cambio, en el caso de Uber, la comisión por uso del servicio es del 25% del precio de cada viaje. No hay que hacer una inversión inicial: para ofrecerse como conductor, sólo es necesario ser mayor de 21 años, tener la licencia de conducir al día, poseer un auto cuatro puertas en buenas condiciones (modelo 2009 o superior), cédula verde, seguro, un smartphone y presentar un certificado de antecedentes penales.

Además, Uber tiene tarifas más bajas en comparación a los taxis y le ofrece al cliente servicios adicionales (como pagar con tarjeta de crédito o la posibilidad de conectar Spotify a los parlantes del auto y elegir la música durante el viaje) que obligarán a los taxis tradicionales a aggiornarse.

Los conductores, además, no están obligados a dedicarse exclusivamente a Uber. Puede tratarse de una “changuita” de pocas horas complementaria a su trabajo fijo o pueden activar el servicio en el trayecto de regreso a casa.

Todos estos factores ya generaron una importante repercusión: en apenas tres días, se anotaron más de 10.000 choferes (o “socios”, como ellos los llaman), según datos oficiales de la aplicación. Y una curiosidad: el 60 % de los inscriptos, aseguran, son taxistas.

Foto: Shutterstock

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