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Tenía un pasar tranquilo, un importante puesto de trabajo y un reconocimiento que muchos no llegan a tener en toda una vida de trabajo. Sin embargo, de un día para otro, decidió dejar toda esa seguridad para apostar a una idea.

“Me obsesionaba crear un grupo científico de las características del mítico Instituto Di Tella, aquella movida vanguardista de los años 60 que marcó una época en nuestro país. Yo quería estudiar la mente humana, científica y multidisciplinariamente, como lo había visto en Europa y Estados Unidos; esa idea me daba vueltas y vueltas en la cabeza”. El que habla es Facundo Manes, neurólogo argentino, creador del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y rector de la Universidad Favaloro.

Así, sin un business plan y “casi sin pensarlo” se lanzó en la aventura de iniciar un polo internacional de neurociencias, cuyos principales objetivos eran la atención a pacientes, la educación y la investigación. “El día que renuncié a FLENI para iniciar esta nueva aventura mucha gente pensó que estaba loco y quizás en algún punto tenían razón. Para iniciar algo así se necesita algún grado de locura”, cuenta.

Esta no era la primera vez que le decían que estaba loco. La primera, fue en 2001, plena crisis económica en Argentina, cuando decidió volverse de los Estados Unidos, donde estaba capacitándose, para apostar en el país. “Me interesa colaborar para que hagamos, cada uno desde su lugar, un país más desarrollado, más inclusivo, y estoy seguro de que con pasión, trabajando duro, siendo creativos, emprendedores y solidarios se puede lograr”, asegura Manes.

Por supuesto, no todo fue tan fácil al principio: “No tenía los recursos económicos y mi hermano Gastón me dio un enorme empujón. Me preguntó qué necesitaba y le dije que cuatro paredes para llenarlas de gente brillante. Al poco tiempo, estaba instalado con un equipo de colegas que quiso formar parte de este desafío. Pero no teníamos ningún apoyo estatal, universitario ni empresario; nos financiábamos con el trabajo clínico. Todo era muy austero”, recuerda.

Pero después las cosas fueron cambiando. INECO fue creciendo y los llamaron de la Fundación Favaloro para crear el Instituto de Neurociencias de la Fundación. Y, casi sin querer queriendo, Manes se convirtió en un referente local no sólo de la medicina, sino también del emprendedurismo, brindando charlas y animando a jóvenes a cumplir sus sueños.

“Para crear hay que estar dispuesto a equivocarse. Además, hay que entender que la palabra éxito para un emprendedor no debe estar necesariamente asociada a éxito económico –afirma-. INECO no cotiza en la bolsa ni lo hará pero a partir de una idea se revolucionó un área científica en nuestra región, se generó trabajo para muchas personas y ayuda a muchísimos pacientes y familias”.

Y sigue: “Cuando uno tiene una idea que cree buena, no importa el éxito inmediato, lo que verdaderamente importa es si uno está convencido y es feliz con lo que hace. Hay que animarse, anticiparse al futuro y perder el miedo que paraliza. Y aceptar el error como camino a la creación, ya que el que no se equivoca no crea”.

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