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¿Se nace o se hace? Él no lo duda y lejos de buscar una respuesta complaciente basada en que todo esfuerzo tiene su recompensa, asegura: “No cualquiera es emprendedor, hay cuestiones con las que uno nace. Tiene que estar en uno la actitud de arriesgarse a perder mucho, pero hacerlo igual”.

Guido Sirna forma parte de la camada de emprendedores argentinos que, con menos de 25 años, se animaron a fundar sus propias empresas y a apostar a sus propias ideas, incluso desde el secundario.

Luego de desarrollar un software para arquitectos mientras estudiaba en el colegio ORT y ganar varios premios, Sirna comprendió que debía desarrollar una idea en base a dos tendencias: el crecimiento de las redes sociales y del e-commerce.

Así fue como diseñó Shopear.net, una plataforma basada en el social commerce, y que utiliza algoritmos que detectan los intereses de los usuarios a partir de su actividad en las redes sociales para vincularlos a contenidos relevantes.

En 2012, Sirna renunció a su trabajo y presentó un demo de Shopear en Wayra, la aceleradora de startups de Telefónica, de donde obtuve 300 mil dólares para arrancar. Después de cuatro años, decidió separarse de la compañía para dedicarse a nuevos desafíos.

Sin embargo, asegura que en el camino, en el proceso de crear una empresa propia, aprendió muchas cosas. Una de ellas, la capacidad de combinar el interés por la innovación con la aplicación de un modelo de negocios escalable. “No se debe medir el crecimiento de un negocio por las ventas, sino por la capacidad sostenida de generar ingresos”, escribió en Medium.com.

https://www.youtube.com/watch?v=xZesqJGFNF4

Entusiasta del Learning by doing, asegura que no hay que temerle a la experimentación y a los errores: “Considero que equivocarse es parte fundamental del aprendizaje. Compartir esa experiencia consolida el proceso de asimilación”, agrega.

Sin embargo, asegura que su mayor aprendizaje y reto fue el de mantener el eje de su vida, no obsesionarse con el trabajo: “Haberme puesto en la situación de dirigir una empresa tan temprano en mi vida generó que en varios momentos se confundieran mis valores esenciales. El ritmo intenso de trabajo alteró, en varias oportunidades, mis puntos de referencia. Creí que estaba ante el desafío más grande de mi vida y que esta nueva situación requeriría del total de mi energía, inteligencia y esfuerzo”, afirma.

“Lo importante no es el resultado que uno idealiza (aquello puede darse, o no) sino el camino que recorre para llegar. Puede suceder de una forma distinta a como lo habías imaginado. También puede fallar –finaliza-. Lo único importante es transitar con plenitud, disfrutando al máximo cada momento”.

 

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