Trabajar desde casa parece sencillo y conveniente al principio; sin embargo, la mayoría se da cuenta rápido de lo fácil que es distraerse. Y ni hablar si hay hijos de por medio. ¿Solución? Disciplina.

Un gran número de empresas decidieron transicionar rápidamente al teletrabajo incluso antes que los distintos gobiernos dictarán medidas de aislamiento social obligatorio. Esta tendencia a trabajar desde casas, que venía en crecimiento, ahora adquirió una importancia dramática para continuar el trabajo diario.

Trabajar desde casa permite ser más flexible y mejora el equilibrio entre trabajo y vida privada. Reduce el estrés que viene con el tiempo que se pasa encerrado en el transporte público o trabado en el tráfico. Eso dicen los entusiastas del Home Office. Pero también hay un costado negativo: cuando el lugar donde se vive pasa a serla oficina, puede ser difícil concentrarse en las tareas o averiguar cuándo dejar de estar disponible.

El experto en economía laboral turco-alemán Ufuk Altun recomienda establecer de antemano reglas estrictas para trabajar en casa. Tener plazos fijos en los que hay que estar disponible, por ejemplo, facilita el apagado de la computadora cuando termina el día. Y hasta del smartphone.  Si no hay regulaciones, los empleados tienden a trabajar demasiado, dice Altun. Y si los límites entre el trabajo y el tiempo libre no están claramente delimitados, los empleados se desmotivan rápidamente, de acuerdo con distintos estudios.

Mientras que algunas personas disfrutan de la paz y la tranquilidad de trabajar desde casa, otros pueden extrañar las inspiradoras o las simples y viejas charlas cotidianas con los compañeros de trabajo. Además, puede ser más difícil evaluar sus contribuciones al equipo cuando sólo se trabaja desde casa.

En cualquier caso, el trabajo sigue siendo trabajo y hay que cumplir con las tareas encomendadas pero también los derechos a tomarse un descanso cada tanto y cortar al final del día siguen estando presentes.

Para mantenerse preparado, van 4 consejos centrales que van más allá de los más habituales, y de los que ya hemos hablado anteriormente:

Mantener un diario del trabajo

Hay que tomarse entre cinco y 10 minutos al final de su día de trabajo para escribir una breve evaluación del día. Hay tantas cosas que pasan por nuestra cabeza que es casi imposible procesar y reunir pensamientos sin alguna forma de salida.

Un estudio realizado por psicólogos de la UCLA reveló que verbalizar los sentimientos, ya sea que se hable con alguien o se escriba, ayudará a asegurar que cualquier emoción negativa asociada sea mucho menos intensa. Así que, en lugar de llevar cualquier ira o estrés al resto de los integrantes de la casa, lo mejor es dejarlo todo anotado.

No exagerar con el multitasking

Según un estudio de la Universidad de California Irvine, toma un promedio de 23 minutos y 15 segundos volver a una tarea una vez que se ha perdido la concentración. Esto significa que hay que alejarse de las redes sociales, el correo electrónico, y hasta la navegación por la web internet hasta que la tarea esté completa o el tiempo asignado para trabajar en ella haya pasado. Para organizarse mejor, conviene usar un cronómetro y aplicar la «técnica Pomodoro», que divide el tiempo del trabajo en espacios de 25 minutos, tal como lo contamos acá.

Hay que respetar la regla 80-20

La mayor parte de lo que uno hace no es tan importante, pero debido a que es más fácil, y puede proporcionarnos ese golpe instantáneo de dopamina, existe la tendencia a pasar demasiado tiempo en tareas simples mientras se posterga en las más exigentes e importantes. Esto crea una lucha innecesaria. Al abordar primero las cosas más importantes, cuando se trata de completar las otras tareas menos significativas, uno podrá hacerlo con una mayor sensación de logro y satisfacción.

Mantener el contacto

¿Fuera de la vista, fuera de la mente? Para evitar que esto suceda, los trabajadores deben contactar regularmente a sus compañeros de trabajo por chat, correo electrónico, teléfono o correo de voz. En general es mejor sobrecomunicarse que subcomunicarse: no hay que tener miedo de ser específico o de sobreexplicarte porque se pierden muchos sentimientos y énfasis a través de la comunicación no verbal en el texto.