Cómo será el mundo después del coronavirus, según los filósofos

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El coronavirus puso al mundo patas para arriba. Y cómo se termine resolviendo marcará el futuro del planeta.

Desde el fin del capitalismo -con una crisis económica que no deja de agravarse en todo el globo, a causa de todas las actividades paradas- hasta la vigilancia digital, la perdida de libertades versus la necesidad de resguardar la salud de todas las personas, y los cambios en las formas de relacionarnos, todo está flotando en el aire.

El pasado mes de febrero, Giorgio Agamben hablaba de la invención de una epidemia para instalar un clima de pánico que permita usar el estado de excepción como un paradigma para gobernar, declaró el autor -justamente- de «Estado de excepción» (Adriana Hidalgo, 2001).

Y el inefable Slavoj Zizek afirmó en aquellas fechas que la pandemia era un golpe de muerte para el capitalismo global y una oportunidad para «reinventar» el comunismo.

Por su parte, el surcoreano alemán Byung-Chul Han respondió que el capitalismo no tendrá problemas y puso como ejemplo a los países asiáticos, que gestionan la crisis con la vigilancia biométrica.

Mientras tanto, el israelí Yuval Noah Harari -uno de los favoritos de Barack Obama y Bill Gates, autor de «Homo Deus: Breve historia del mañana» (Debate, 2016)- señaló, con mayor optimismo, que tal vez los países más poderosos comenzarán a pensar de manera realmente global.

Algo de esto, y más, puede leerse «Sopa de Wuhan: pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemia», un libro electrónico que compilo el argentino Pablo Amadeo, editor, diseñador y activista político territorial de Tolosa. Allí están reunidos los textos publicados por distintos medios de Giorgio Agamben, Slavoj Žižek, Jean Luc Nancy, Franco “Bifo” Berardi, Santiago López Petit, Judith Butler, Alain Badiou, David Harvey, Byung-Chul Han, Raúl Zibechi, María Galindo, Markus Gabriel, Gustavo Yáñez González, Patricia Manrique y Paul B. Preciado, y se puede descargar a través de este enlace.

¿Qué piensan los filósofos argentinos?

Tomás Abraham («La aldea local», Eudeba, 2010), según recoge La Nación, se preguntó sobre la factibilidad de pedirle a la población de menos recursos quedarse en sus casas. «Quedarse en casa. ¿Todos la tienen? ¿Qué quiere decir «casa»? ¿Cuántas casas hay en las villas, en los suburbios, en el NOA? ¿Cuántas personas viven en habitaciones sin higiene, en calles sin desagües, sin agua, con cuatro o cinco menores que antes correteaban y ahora deben permanecer sentados, quietos? ¿Todos tienen una Play Station?», escribió.

A esto, Ricardo Forster («Itinerarios de la modernidad», Eudeba, 1996) -uno de los asesores presidenciales, filósofo y ex miembro de Carta Abierta- respondió que «no proyectaría oscuridades terribles» pero agregó que «no es fácil hacer profecías». «Se trata de un acontecimiento descomunal que traerá consecuencias, algunas pueden ser interesantes, y otras ominosas». Entre las posibilidades negativas mencionó la posibilidad de que aparezca «un sistema autoritario, policial, y que las sociedades se replieguen aún más» pero se esperanzó con que, sin embargo, «comiencen a privilegiarse los vínculos entre las personas y que el Estado garantice la salud gratuita». Así, señaló, «se rompería un paradigma donde el 20 por ciento se apropia de lo que se genera, mientras que el resto que vive en condiciones horribles».

El antropólogo Alejandro Grimson («Mitomanías argentinas. Cómo hablamos de nosotros mismos», Siglo XXI, 2012) -otro asesor del presidente argentino Alberto Fernándezevitó hablar de un mundo nuevo y subrayó que esta pandemia expresa los problemas de mundo actual. «La ausencia del Estado y la distribución del sistema de salud pública, entre otras cuestiones, son conflictos preexistentes que están asumiendo distintas formas de abordar el fenómeno, y al hacerlo se está construyendo el mundo habrá después», desarrolló. La único solución, expresó, es la solidaridad social. «No es una utopía. Es posible que esta no sea la última pandemia del siglo XXI, sino la primera», dijo.

Dario Sztanszrajber («Filosofía en 11 frases», Planeta, 2018), por su parte, habló de una oportunidad histórica para resignificar la idea de ciudadanía. «Democracia es también velar porque el Estado no salga de sus limites institucionales», comentó sobre las suposiciones más extremistas. No hay una búsqueda real de control social, no hay metáfora, afirmó. «No es que la metáfora del virus hace que el control social encuentre un enemigo externo para justificar su dominancia afuera. Este es el fin de la metáfora. El virus el real, contagia a todos.»

En tanto, Alejandro Rozitchner («Saquen una hoja», Planeta, 1995) -que fuera asesor del ex presidente Mauricio Macri– dijo que «habrá consecuencias dolorosas, aunque algunas secuelas positivas no deben descartarse». Y Santiago Kovadloff fue por la negativa también. «No tengo grandes expectativas sobre el porvenir. No considero que de una experiencia traumática y catastrófica como la actual emerjamos como una aptitud que nos permita dejar atrás de manera radical nuestros hábitos, sociales, politícos y psicológicos que precedieron a la peste», declaró.