El Topo: esta churrería de barrio ahora es el nuevo fenómeno en Twitter

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La churrería «El Topo» inició su andadura hace más de 50 años y ya en ese momento sus propuestas de lo que hoy se llama marketing eran llamativos: puso en su vidriera un cartel con la palabra «churros» al revés.

Hoy, el marketing pasa por las redes sociales, y puntualmente por Twitter, en la que la cuenta @churreriaeltopo responde mensajes a españoles que reclaman derechos de autor por los churros, a usuarios que se quejan de los productos veganos y a comediantes que critican los rellenos de roquefort, uno de los más tradicionales de la compañía, tal como cuenta la periodista Sofía Terrile en una nota de La Nación.

La cuenta, que ya tiene más de 44.000 seguidores, es manejada por Juan Navarro, segunda generación de la compañía familiar que abrieron su padre, Hugo, y su tío, Cacho, en el barrio porteño de Belgrano (ambos, ya con casi ochenta años, son parte de la dirección de la empresa).

Como  los vecinos se quejaban del olor, decidieron cerrar ese local en Amenábar y Juramento y trasladarlo a la Costa Atlántica. Aún no existía la tradición de comer churros en la playa menos los vendedores ambulantes del producto, recuerda Navarro.

El local de Villa Gesell abrió en el verano de 1968 y un año después sumaron una segunda sucursal en Necochea. «Había que evangelizar respecto del consumo de churros, y para eso pusieron el cartel al revés, como una estrategia de comercialización», explica.

El reparto en Gesell lo hacían con un Fiat 600 que tenía el nombre del local pintado de forma artesanal. En ese auto hacían los repartos a los panaderos de Villa Gesell, y con los años comenzaron a aparecer los «canasteros» o «churreros», los vendedores ambulantes en la playa.

«En la actualidad hay unos 60 que llegan desde varias provincias del país para hacer temporada. Con libreta sanitaria al día, el curso de manipulación de alimentos realizada y reglamentación de la municipalidad correspondiente, compran al por mayor y salen a repartir el producto cada día», relata la nota.

Ahora ya son 12 locales que se reparten entre la Costa Atlántica, Bahía Blanca y Capital Federal; el último abrió en el barrio de Caballito.
La historia de este negocio de más de medio siglo cambió este verano por las redes sociales. La cuenta de Twitter arrancó el verano con 6000 seguidores. Con la llegada de las apps de delivery, la viralización se tradujo en ventas en los locales de Capital Federal, históricamente rezagados en comparación con otras sedes en la Costa Atlántica. Y luego llegó la pandemia.

El Topo está en el medio de las dos referencias «churreras» del AMBA, El Sol de Galicia, de Avellaneda y la palermitana Juan Pedro Caballero. Entre ellas aparece la propuesta histórica pero aggiornada de El Topo.

«Nosotros seguimos con las tradiciones, pero no escapamos a lo que la gente demanda. Hace 50 años lanzamos los churros con relleno salado, con roquefort, que siguen vigentes en la actualidad, y con el tiempo sumamos rellenos como la Nutella o la crema Oreo», detalla Navarro. De todos modos, nueve de cada 10 unidades que se venden llevan el convencional dulce de leche, agrega.

Las polémica en Twitter

Más recientemente, El Topo lanzó un producto especial para los veganos con relleno de membrillo y anunció otra versión con dulce de almendras. Las críticas fueron acalladas con la respuesta del community manager, que aclaró que el churro es un producto eminentemente vegano, porque solo lleva harina, agua, sal y aceite vegetal.

«Todo tienen que arruinar los veganos», se quejó el usuario. «Que haya una opción relleno para veganos no te modifica la vida. No exageres, te lo pido por Dalma y Giannina», le respondió la cuenta de El Topo.

También se viralizó un mensaje que otro usuario tomó de las reseñas de Google. Allí un cliente le espetó a El Topo que sus churreros parecían «de la Villa 31». «¿Te referís a los canasteros? Son vendedores que vienen de Chaco, Salta, Jujuy, del Gran Buenos Aires. Sacan su permiso municipal, su libreta sanitaria y su curso de manipulación. Son gente de nuestro hermoso país, respetuosos, que vienen a ganar el mango», le respondió la compañía en otro comentario, y agregó: «Lamento no tener modelos arios para que esté contento y te puedan atender en la playa».

La polémica llegó a programas de televisión de España, desde donde arribó la última batalla twittera. «Eso no es un churro», dijo una usuaria española, y citó una foto de El Topo. Navarro le pidió que esté orgullosa de que los argentinos tomaron un producto y lo aggiornaron. «Vosotros cogieron de nosotros la patata, el maíz, el tabaco, el tomate, el chocolate, el oro, la plata y no nos quejamos tanto», remató.

En cualquier caso, el estilo desenfadado y directo de la cuenta le suma muchos seguidores que están felices por la posibilidad de conseguir churros en estos tiempos de pandemia y que la empresa familiar siga agregando bocas de expendio. Desde ya, una estrategia de marketing en redes sociales exitosa y que, con cuidado, puede copiarse.