5 enseñanzas para ser exitoso que dejó el Coronel Sanders, creador de KFC

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Fuente: XWRN, Flickr.

Lo llamativo de las publicidades de Kentucky Fried Chicken -conocido como KFC- es que la imagen del hombre con el sombre tejano pertenece a su fundador, Harland David Sanders, mejor conocido como «el Coronel Sanders«.

Sanders nació en 1890, y no comenzó a vender pollo frito hasta 1930. Pero cuando finalmente vendió su negocio -a un grupo inversor- a la edad de 75 años (en 1964), marcó el camino para una de las cadenas de comida rápida más grandes del mundo.

¿Cuáles eran sus secretos comerciales? A continuación, cinco secretos importantes que cualquier hombre de negocios puede aprender del coronel, tanto en el inicio de un negocio como en su mantenimiento posterior.

Nunca es demasiado tarde para empezar un negocio

Harland Sanders trabajó en todo tipo de trabajos antes de abrir un pequeño restaurante. Trabajó en un ferrocarril, vendiendo seguros y operando un ferry. Incluso ejerció la abogacía durante unos cinco años hasta que atacó a su propio cliente en el tribunal.

Aunque Sanders no encontró el rumbo en los distintos trabajos que hizo, siguió intentando hasta que encontró el rumbo. Nunca es demasiado tarde para ser exitoso.

Hacer una cosa y hacerla bien

En 1929, Sanders abrió una estación de servicio en Kentucky. Abrió el restaurante como diversión un año después, pero la estación se hizo más y más conocida por su excelente comida. Poco después, Sanders decidió cerrar la estación y centrarse en su restaurante.

Y Sanders no es el único ejemplo de un fundador de comida rápida que se ha ajustado a su especialidad. Los hermanos McDonald’s originalmente comenzaron su primer restaurante especializado en barbacoas hasta que se dieron cuenta de que cerca de 80% de sus beneficios provenían de las hamburguesas.

Hay muchos hombres de negocios que tratan de ser todo para todos los consumidores, y como resultado sólo terminan molestando a todos los consumidores.

El Coronel Sanders trabajando en su cocina en Corbin, Kenticky. Fuente: Wikimedia.

La mejor forma de publicidad es el boca a boca

Sanders no tenía Facebook, o Twitter, o Instagram como forma de atraer clientes. Lo que sí tenía era el boca a boca, y una recomendación en «Adventures in good eating«, libro publicado en 1939: fue la primera vez en que se hacían reseñas de los restaurantes estadounidenses. Pero eso fue suficiente para que su restaurante siguiera prosperando, ya que Sanders añadió más espacio y siguió expandiéndose durante los siguientes 20 años.

La publicidad es un medio para un fin. Lo más importante es el producto: para vender hay que tener qué vender.

No rendirse

El negocio de Sanders continuó floreciendo. En 1950, el gobernador de Kentucky lo honró con el título no militar de «coronel», el origen real de su alías, dado que no tenía formación militar formal (aunque estuvo en el ejercito).

Sanders comenzó a estudiar la posibilidad de crear franquicias y en 1952 empezó a vender los derechos de «Kentucky Fried Chicken» a los restaurantes locales a cambio de cuatro centavos por cada pollo vendido.

Pero entonces, en 1955, una nueva ruta interestatal construida para el Kentucky Derby pasó por alto el restaurante de Sanders y se llevó a los clientes. Sanders vendió el restaurante con pérdidas en 1956, y le quedaron sólo sus ahorros y su cheque de la Seguridad Social. Tenía 65 años y artritis.

Una persona menos decidida habría colgado su sombrero y ya. Sanders no. Se subió a su auto y comenzó a conducir a restaurantes en todo el país, buscando franquiciar su invento. Eventualmente, los negocios comenzaron a llegar a él. Para cuando Sanders vendió su negocio en 1964, había más de 600 franquicias de KFC.

Si un Sanders de 65 años pudo seguir trabajando incluso después de haber visto fracasar su negocio de larga data, entonces otros negocios no tienen excusa para no adaptarse a las repentinas y duras circunstancias. Siempre hay que reponerse después de que algo sale mal, si pueden sentarse y pensar con calma qué hacer a continuación.

Hay que tener cuidado con lo que se firma

No todas las lecciones del Coronel Sanders son positivas. En 1964, vendió los derechos a KFC por US$ 2 millones, lo que hoy en día es alrededor de US$ 15 millones. Pero aunque Sanders pudo haberse retirado y vivir cómodamente el resto de sus días, se convirtió en una enorme espina clavada para KFC.

Sanders filmó comerciales e hizo apariciones como «El Coronel» para KFC. Pero en la primera convención de la franquicia después de su salida a bolsa, denunció a la gerencia frente a todos. En 1973, demandó a Heublein Inc., la compañía que era dueña de KFC en ese momento. Luego, en 1975, Heublein volvió a demandar a Sanders por calumniar las nuevas recetas de KFC. Sanders criticaba repetidamente las nuevas recetas, llamándolas «lodo» y «pasta para empapelar».

Pero aunque Sanders estaba muy enojado, firmó el contrato que cedía sus derechos. Probablemente quería los US$ 2 millones más que el control de KFC, pero sus desplantes hacia el final de su vida no ayudaron a nadie y dañaron tanto su reputación como la de KFC.