7 hábitos que dañan tu productividad, según la ciencia

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imagen ilustrativa pérdida de productividad

Don’t work hard, work smart, reza un viejo dicho inglés (algo así como “no trabajes duro, trabaja con inteligencia”). La expresión, en apariencia, entra en conflicto con las tradicionales premisas del “sacrificio”, la cultura del trabajo o la idea de que más horas en la oficina implican más resultados.

Pero tal vez esos principios en los que nos formamos no sean del todo adecuados. ¿Qué pasa si, en realidad, esos hábitos que nos enseñaron  en realidad nos hacen menos productivos?

Investigaciones científicas recientes plantean algunas pistas. No, no es una excusa para hacer “la plancha”. A continuación repasamos siete hábitos que están dañando la productividad, según diversos hallazgos. Tal vez ahora esté más clara la diferencia entre estar ocupado y ser productivo.

Menos (horas) es más (productividad)

Diversas fuentes, como este estudio de Stanford, afirman que, pasado cierto punto, más horas de trabajo significan menos productividad. Incluso esta tendencia puede implicar valores negativos en donde la persona, ya agotada por una dura semana laboral, no sólo trabaja menos sino que cuando lo hace comete errores que luego deberán corregirse.

Lograr el equilibrio entre la vida laboral y la personal es complicado, pero cuando se inclina mucho la balanza para un lado podemos terminar con estrés, ansiedad y fatiga. Nada de eso colabora con nuestra productividad.

Y cuando hablamos de equilibrio no hay que olvidarse de introducir el descanso en la ecuación. Un estudio llevado a cabo por el ejército estadounidense demostró que perder una hora de sueño por día durante una semana causa limitaciones cognitivas similares a las de tener 0.10 de alcohol en sangre.

Trabajo colectivo

Ya sea delegando o compartiendo la carga con pares, es importante no intentar hacerlo todo uno mismo. Las consecuencias pueden ser similares a las de trabajar demasiadas horas: agotamientos, estrés y ansiedad.

Delegar tareas implica aprender a confiar en los demás. El resultado puede ser terminarlas mucho antes de lo pensado, aumentar el compromiso de quienes incluímos en el proceso y, por qué no, sorprendernos con los insights que otros tiene para aportar.

Por suerte contamos con cada vez más herramientas para el trabajo colaborativo remoto. Podés darte una vuelta por nuestra sección Soluciones y explorar unas cuantas opciones para tu empresa.

Abandonar el perfeccionismo

¿Dónde está la línea divisoria entre ser un perfeccionista y ser una persona que se esfuerza por lograr los mejores resultados posibles, reconociendo que siempre quedarán cosas por mejorar?

Aunque el perfeccionismo se entienda a veces como virtud, lo cierto es que trae aparejados muchos problemas. Cuando terminar la jornada laboral parece imposible porque aún falta ese pequeño detalle final, probablemente estemos ante un problema. Y, por más que suene contraintuitivo, la productividad puede ser uno de los aspectos más afectados.

Un estudio referenciado por esta nota de El País, que contó con más de 25.000 participantes, afirma que los perfeccionistas tienden a fijarse objetivos innegociables. El producto final está perfecto o no sirve. El problema es que muchas veces la autoestima está atada a la tarea en cuestión. ¿El resultado? estrés, agotamiento y ansiedad.

Es mejor una buena tarea terminada que una que se alarga indefinidamente.

El valor del ‘no’

El Principio de Pareto establece que el 20% de las causas (esfuerzo) produce el 80% de los resultados, pero que el 20% de los resultados consumen el 80% del esfuerzo. Obviamente esto es una regla general y los números son representativos de una tendencia. Para decirlo en criollo: solemos invertir gran parte de nuestro trabajo en tareas banales, simplemente porque no sabemos cómo negarnos a hacerlas.

Aprender a decir que no para mantener el foco en lo importantes es mucho más difícil de lo que suena. Entre la amabilidad y el temor a quedar mal, solemos cargarnos de tareas y problemas que realmente no necesitamos. Elegir mejor las batallas debe ser una prioridad para cualquiera que busque aumentar su productividad.

No vale repetir

El hábito es una fuerza potente. Podemos hacer las mismas tareas sencillas cada día, durante semanas, meses o años, sin ponernos a pensar el porqué o si existen otras formas de resolverlas.

Afortunadamente vivimos en el siglo XXI y, entre muchas otras ventajas, contamos con una enorme variedad de herramientas y plataformas para automatizar procesos al alcance de los dedos. Además de liberar horas para objetivos más significativos y aumentar la productividad, reduciremos la cantidad de errores, ya que las máquinas suelen equivocarse menos.

Menos instinto, más datos

¿Deberías trabajar por la tarde o por la mañana? ¿Es mejor priorizar el público joven o el adulto? ¿Necesito contratar ayuda externa? ¿Dónde encuentro a mis clientes? Estas y una infinidad de preguntas plagan la rutina laboral. Nos exigen tomar decisiones sobre temas trascendentes con efectos a largo plazo que afectarán nuestro trabajo.

Si bien la experiencia previa es un recurso invaluable y el instinto puede servir en muchas ocasiones, los datos son el recurso más confiable. Después de algunas semanas de monitoreo podés llegar a la conclusión de que por la tarde tu productividad es mayor. O quizás un estudio de mercado ayude a tu empresa a entender que el público joven no es el adecuado para determinado producto.

Dejá de trabajar

Repetimos: no es una excusa para darle rienda suelta a la vagancia. Hacer pausas recurrentes entre tareas aumentará tu productividad.

Entre otras cosas, las pausas lograrán sacarte de la “caja” en la que muchas veces nos metemos al enfocar nuestra atención en un objetivo. Quizás así encuentres un nuevo enfoque, otra forma de alcanzarlo o simplemente más energía para hacerlo.

Una buena forma de potenciar esto es asegurarnos que entre pausas dedicamos nuestra atención a un solo objetivo por vez. Para organizarnos podemos usar un tablero Kanban. De esta forma lograremos, periodos de alta concentración cortados por recreos cortos para recargar las pilas y volver con todo.