¿Usamos metodologías ágiles o las tradicionales? Ejemplos prácticos

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Metodologías

Los project manager de esta era digital y conectada no pueden quedar ajenos a los cambios constantes en la forma de gestionar los proyectos.

Hoy existen muchas maneras nuevas, y a veces no tanto, de llevar adelante estos proyecto como Agile, Scrum, Kanban, Lean, Design thinking, entre otros. ¿Cómo elegir el método más adecuado? ¿Qué cosas hay que preguntarse para llegar a la decisión correcta?

De acuerdo a la ingeniera María Teresa Reinoso Gamino, de Telefónica Movistar España, es preciso estudiar el entorno en que se va a llevar a cabo el proyecto.

En este sentido, hay que hacerse una serie de preguntas, según la profesional: en primer lugar, si se trata de un entorno de «alta incertidumbre, volatilidad, complejidad y/o ambigüedad». En caso de que así sea, lo mejor es utilizar una metodología ágil.

Como segunda pregunta, hay que responder cómo ha trabajado el equipo hasta el momento? En tercer lugar, hay que saber qué tipo de metogología anteriormente dio el mejor resultado para proyectos de características similares. Y, como cuarta pregunta, hay que conocer qué es lo más importante para el entorno, si las personas, la tecnología o los procesos. «En un entorno ágil se concede mayor importancia a las personas mientras que en otro tradicional el protagonismo lo copan los procesos», explica la ingeniera.

Luego de responder estas cuestiones, con las respuestas en la mano, se puede dar un paso más: analizar el «ciclo de vida» para tomar la decisión.

Como primera medida, hay que tener en cuenta los requisitos del proyecto. Si estos están definidos de antemano, antes de empezar, se puede trabajar con una metodología en cascada pero si van a aparecer nuevos durante el transcurso del proyecto, lo mejor será ir hacia las ágiles.

En segundo lugar, hay que evaluar las entregas; si hay que realizar una única entrega final o nos piden entregan incrementales que serán evaluados por el cliente. En este último caso, lo mejor es, nuevamente, una metodología ágil.

Después, como tercera instancia, corresponde pensar los cambios que incorpora el proyecto, que es restringido en metodologías en cascada, mientras que en el caso de las ágiles estos se pueden hacer en tiempo real.

Cuarto: ¿los grupos de interés (stakeholders) tienen que incorporarse continuamente, en el momento inicial o solo en instancias puntuales?

En quinta y última instancia, hay que chequear tanto los riesgos como los costos. ¿Se pueden controlar los riesgos o hay que planificarlos con anterioridad y de manera detallada?

Entonces, ¿qué conviene hacer?

Puede decirse que conviene aplicar una metodología predictiva o en cascada cuando todo lo que hay que hacer, y el cómo, está claro. Las metodologías ágiles son especialmente correctas cuando se trata de descubrir mientras se hace lo que hay que hacer y la manera de llevarlo adelante.

En cualquier de los dos casos, explica Reinoso Gamino, «no hay que perder de vista que para aplicar cualquiera de ellas no solo hay que conocer la teoría, sino tener la predisposición, la mentalidad adecuada».

Puede suceder, de hecho, que un proyecto tenga diferentes entornos de trabajo y que en unos encaje una metodología restrictiva y en otros, una ágil. En este caso se trataría de un híbrido.

El project manager moderno tiene diferentes papeles y necesita utilizar distintos sombreros, dependiendo de la metodología elegida. En el caso de una tradicional, se trata de gestión y control; mientras que en una ágil, este se convierte en un facilitador.