A todos nos pasó. Encaramos un nuevo proyecto, estimamos una fecha de entrega pero, por h o por b, esos tiempos se extienden. Complicaciones, obstáculos….es entendible. El problema aparece cuando lo excepcional pasa a ser una constante. ¿Por qué nunca puedo cumplir con los deadlines pautados?

Extender un proyecto en el tiempo conllevará a una posible pérdida de clientes (a nadie le gusta que no cumplan con los plazos pactados) y sobrecostos. Pero, ¿cómo aprender a estimar el plazo y presupuesto de ejecución?

  • Un primer paso sería sincerarnos con nosotros mismos, basarnos en nuestra experiencia profesional, en nuestros ritmos de trabajo. Si para el proyecto anterior tardamos 2 meses, ¿por qué motivo ahora tardaríamos la mitad? Es mejor ser realistas y no tan optimistas con los deadlines.
  • No proyectemos escenarios idílicos. Contemplemos posibles inconvenientes y dificultades. Enfermedades, feriados o urgencias de otros proyectos. Inclusive, muchas veces, también, nos veremos retrasados a la espera de los tiempos de terceros. Considerar de antemano cualquier tipo de demora o imprevisto.
  • Atender a la visión externa:  buscar situaciones similares que puedan proporcionar una base estadística para tomar una decisión: ¿otros se han enfrentado a problemas semejantes en el pasado?, ¿qué sucedió? El psicólogo Daniel Kahneman, autor del libro “Pensar rápido, pensar despacio”, asegura que esta visión externa es, a menudo, desestimada.
  • Cambiá tu mentalidad: generalmente, todos solemos atribuir los éxitos a nuestras habilidades y los fracasos a la mala suerte. Este sesgo optimista está íntimamente relacionado con la ilusión de superioridad. Eliminalo.
  • Los errores en los presupuestos iniciales muchas veces no son inocentes. A veces, movilizados por el deseo de que el plan sea aprobado —por nuestros superiores o clientes— exageramos los beneficios y acortamos los plazos del proyecto. Es otra práctica que deberías erradicar para siempre porque puede ser contraproducente.